Para habitar un templo

(Diarios de una cartografia interna)


Hay una cierta inclinación de la luz

en las tardes de invierno,

que nos oprime, como el peso

de las melodías de una catedral.

(Emily Dickinson)


Todo viaje requiere un pasaporte, un lugar donde anotar los caminos recorridos y los lugares visitados, sean estos físicos o emocionales. Habitualmente mi pasaporte ha tratado sobre situaciones fuera de mi propia cartografía interna, pero en esta ocasión, una situación complicada desbloqueó un camino interior que yo nunca había recorrido y que pulsaba por ser contado. 

Por ese motivo, hace tres años empecé a trabajar mi fotografía de una manera más introspectiva en formato de diario visual. Como necesidad de vida; Como forma de comunicación con mi interior; Como manera de vivir la vida como la siento, una parte de mi que desgarro en cada disparo.

En estos tres años he dividido mis imágenes personales en tres proyectos o diarios, de los cuales, el último es el que da nombre a esta exposición:

  • Hay una cierta inclinación de la luz. 

A raíz de la lectura del poema de Emily Dickinson, de igual título, en el que se alude alegóricamente a la muerte y a la depresión, fotografié lo que para mi significaba la ruptura de una relación tremendamente adictiva y dolorosa y todo lo que ello conllevaba (dolor, ansiedad, culpa, desesperanza, cuestionamiento, recuperación). Con este diario senté las bases de los dos siguientes: Imágenes en blanco y negro y un cierto tono visualmente poético, en el que se pueden encontrar metáforas y otros recursos propios del género, mezclado con otras imágenes mucho más descriptivas a nivel narrativo. Todo ello acompañado con textos a modo de diario, en los que anotaba reflexiones o momentos del proceso por el que estaba pasando.  

  • Las líneas del deseo. 

El título alude a la forma en la que, en el urbanismo, se le llama a esos caminos o senderos que aparecen de manera espontánea debido a la erosión que provocamos al transitar por espacios que originalmente no estaban pensados para dicho tránsito. Esas líneas o caminos hechos de poco a poco, se anteponen a la lógica del urbanista que los ideó y marcan una nueva vía que se sale de lo preestablecido. Son las líneas, a priori invisibles - como los propios deseos - que anteponen la búsqueda y el descubrimiento, a lo reglado. 

De esta manera, este diario cogió forma como un intento de narrar los nuevos caminos que abrí, a fuerza de transitarlos, para poder ejercer mi libre elección y mi necesidad de explorar nuevos espacios.

A los tres meses y medio de empezarlo, llegó la pandemia y la práctica del diario me ayudó a entender un poco mejor la situación, pero sobre todo a entenderme mucho más a mi mismo.

Imagino que debido a los confinamientos causados por la pandemia, y de una manera no buscada, las imágenes de este diario son en su mayoría relativas a espacios abiertos, a la naturaleza o al amor. Y los textos escritos son, de igual manera, a ratos una carta de amor directa, a ratos un grito de desesperanza en primera persona.

  • Para habitar un templo. 

El último de los tres diarios nace con la necesidad de deconstruirme e indagar en profundidad en mi y sobre lo que realmente siento. ¿De qué manera específica me afecta la situación general por la que el mundo está pasando? ¿Cómo alimento el cuidado del “yo” para que el “nosotros” no lo haga desaparecer? ¿Cuáles son los miedos que debo enfrentar para volverme a construir? Esas son algunas de las cuestiones que necesito hacerme para poder habitar, con honestidad y devoción, en mi mismo.